Mi primera vez y en el campo
Ocurrió un día cuando estaba trabajando como aprendiz en la finca de padre. No era un trabajo pesado para mis 14 años, vigilaba los sembradíos espantando los pájaros para que no se comieran la semilla recién sembrada, mientras los trabajadores dejaban sus aperos e iban a sus casas para la comida del mediodía.
Ese día como siempre mi hermana Laura me trajo de casa la merienda del mediodía, de un puntapié se quitó sus sandalias y se sentó a mi lado sobre la fresca hierba, hablando alegremente mientras yo devoraba mi tortilla de patatas, mi hermana estaba acalorada a pesar de que el día era frío. Su rostro estaba sonrojado, quedé totalmente lleno cuando terminé de comer, me recosté sobre mi espalda y miré hacia las nubes blancas claramente dibujadas contra el cielo azul, de pronto el blanco y azul empezaron a girar como un torbellino, traté de sentarme, pero me sentí tan mareado que caí nuevamente sobre la hierba, era la primera vez que me traían vino con la merienda. Mi hermana se inclinó sobre mí, a pesar de que estaba confundido, tuve la impresión de que ella esperaba que algo sucediera, la punta de su lengua asomaba de entre sus blancos dientes y sus grandes ojos azules me miraban como buscando alguna señal.
- Tus pupilas se han puesto muy grandes hermano -dijo, pero como seguía sonriendo, no me sentí alarmado. - Qué ves con esos ojos?
- Te veo a ti, hermana, de alguna manera te veo diferente -dije y mi voz era torpe. -Te ves tan hermosa -dije, pues no pude evitar decir eso. Me había dado cuenta desde hacía mucho que Laura con sus 16 años era muy bonita, su joven cuerpo parecía estar siempre en un continuo movimiento.
- Sientes placer cuando me ves??? -me preguntó.
- Si, mucho placer -le contesté.
- Entonces cállate hermano y deja que yo te de placer-.
Su mano se introdujo dentro de mi bragueta, me sentía demasiado torpe para rechazarla, noté que una parte de mi cuerpo estaba creciendo, sus pechos pequeños, pero firmes, podía notar sus pezones contraídos contra la fina tela de la blusa que los cubría. Me las arreglé para levantar mi cabeza, que la sentía muy pesada, contemplé aturdido de como ella manipulaba con su mano mi polla, nunca antes me había ocurrido que mi polla se saliera tan lejos de su vaina de piel, veía como brotaba de la mano de Laura.
- Está creciendo, empieza a tener vida, ves??? -dijo ella.
- Se está poniendo muy caliente -dije yo.
Con su mano libre, Laura se levantó su falda y bajó sus bragas, con sus piernas abiertas pude ver claramente su hoyuelo plegado y cerrado, cubierto por un fino vello, sin embargo, en ese momento se estaba abriendo por si mismo como los pétalos de una flor, mostrando su color rojo suave, incluso relucían como si hubieran sido mojados con el rocío de la mañana.
Arrojó a un lado mis pantalones, abriéndose de piernas se sentó sobre mí, se movía con urgencia, pero con cierto nerviosismo debido a su inexperiencia, con una de sus manos sostenía mi polla apuntándola hacia ella y con su otra mano trataba de abrir sus pétalos e introducir mi polla, pero la membrana de su coño estaba todavía muy cerrada, en cuanto a mí por supuesto mi polla no era la de un hombre, aunque ahora sé que gracias a las manipulaciones de mi hermana, ayudó a que creciera rápidamente.
Hubo un momento de angustia y desesperación, entonces abruptamente, la entrada dio por fin paso, Laura y yo gritamos simultáneamente, yo por la sorpresa y ella quizás por placer o dolor. Yo ya estaba dentro de mi hermana, envuelto, calentado y humedecido por ella, y de pronto cuando ella empezó a mover rítmicamente su cuerpo sentía un enorme placer que jamás hubiera podido imaginar.
Podía sentir la vibración y el hormigueo en todo mi joven cuerpo, me sentía totalmente absorbido por ella, el placer creció en tal grado que creí que no podría soportarlo por más tiempo, entonces todo culminó con un pequeño estallido mucho más delicioso, en ese mismo instante mi hermana dejó de jadear y lanzó un gemido suave y prolongado, comprendí que provenía de un delicioso relajamiento. Ella se desplomó a mi lado, y su cabello largo y sedoso cayó sobre mi rostro, descansamos así por un tiempo, los dos jadeando con fuerza. Sin levantar su rostro, apoyada sobre mi pecho, mi hermana me preguntó tímidamente:
- Te arrepientes??.
- Arrepentirme nunca, exclamé angustiado.
- Entonces lo podemos hacer otra vez, murmuró ella sin mirarme.
Mi miembro se había deslizado fuera de ella, yacía en esos momentos frío y mojado y había vuelto a su tamaño natural, no supe que contestar, estaba embelesado pensando de que una experiencia como esta se da solo una vez en la vida.
- No, quiero decir, no ya que ahora los obreros están por llegar, pero lo podemos hacer otro día.
- Ayyyy siii podemos, todos los días si quieres.
Mi hermana y yo, copulamos cada vez que teníamos oportunidad, innumerables veces en los años siguientes, hasta el día antes de su matrimonio. Inventamos otras posiciones, numerosas y variadas.
Así, pues mi hermana se deslizó fuera de mi, nuestros vientres estaban húmedos y manchados con un poco de sangre, nos lavamos en el estero hasta que quedamos limpios y no quedo ningún rastro de nuestro lujurioso encuentro en sus ropas, me besó en los labios, me dijo “Gracias” y se fue corriendo y brincando alegremente por el sendero camino a casa. Ese día terminó mi niñez.