Relatos Eróticos

4 September 2007

De muy joven me chupó Marita de 32

Filed under: Hetero, Primera Vez — Semenarista @ 14:02

 

Muchas chicas me han preguntado porqué me gusta tanto correrme en sus boquitas cuando me están haciendo una mamada, ¿es sólo, el placer físico que sientes, o una fantasía sexual?. Quizás una combinación de ambas, causada por la obsesión de una vecina treintañera cuando tenía 18 años.

 

Con mucha frecuencia salen a la luz los casos de chicas de veintipico, treintaipico, etc, que siendo maestras (o amas de casa, etc), han aprovechado para saciar sus ganas de leche, la posibilidad que les ofrecía tener a un jovencito a mano y les han estado chupando sus vergas en su coche, su casa o incluso en la propia aula, durante largos períodos.

Recuerdo mi infancia en un pais latinoamericano con normalidad, escuela, fútbol, peleas, y algo que me fascinaba: las pajas que descubrí a los 10 años. Me masturbaba tanto que recuerdo haberme hecho 7 en un día, aunque nunca fantaseaba con una mujer de 32 años, eso era una especie de vejestorio a mi edad.

Recuerdo una película erótica que vi a los 11 años, porque cuando me corrí de repente salió mi primera leche. Yo no sabía ni lo que era eso, tan sólo que el olor a savia no me gustó mucho, aunque su sabor era diferente, suave y agradable. Mis amigotes gamberros me explicaron lo que era.

 

Yo vivía con mis padres en una casita adosada típica del “american way of life”, y de vecinos teníamos a un matrimonio sin hijos. Él era transportista por toda América y ella “ama de casa”. Su marido acostumbraba a pasarse 20 ó 30 días en la carretera y ella estaba muy sola por lo que decidió quedarse embarazada. Marita, que así se llamaba ella, solía venir a nuestra casa y nosotros a la suya.

 

Cuando yo tenía 18 años, mis papás habían ahorrado bastante dinero y un día decidieron dejarlo todo para regresar a su España natal. Había varios problemas y tuvieron que viajar a ese país durante un mes para decidir y prepararlo todo.

 

Quince días antes, fuimos de excursión con el colegio y en el monte me caí y me rompí el tobillo y un hueso de la rodilla. Me escayolaron hasta el púbis y me dieron dos meses de reposo en casa. Mi madre tenía muchas cosas que hacer en España pero no podía retrasar el viaje, y yo no podía viajar en ese estado, así que le dijo a Marita que tendría que quedarse por mi culpa y ella le dijo que no se preocupase, que ella se iba a hacer cargo de mí. ¡Y vaya si se hizo!

 

Al final me quedé en casa de Marita en la habitación de invitados. Me trajo varios libros, las medicinas para el dolor, una vacenilla para no tener que ir al baño tan a menudo, y preparó una especie de calzones-pañales para ponerme que le dejara mi mamá, porque no entraban los pantalones por el pierna escayolada.

 

A mí me daba vergüenza que mi mamá me tuviera que ayudar a hacer cosas desnudo, pero de Marita más todavía. Estaba muy pendiente de mí, me daba la comida en la cama y me trataba a cuerpo de rey, y como estaba embarazada de sólo 5 meses podía realizar cualquier tarea doméstica sin molestias.

Después de comer quisé hacer pipí, y como estaba escayolado me hice la mitad del pis por fuera de la vacenilla. Cuando ella vino me dijo:

 

  • ¡Miguelito, mira cómo has puesto el piso! Pobrecito… cuando quieras hacer pipí me llamas y yo te ayudo para que lo hagas todo por dentro, que si no tendré mucho que limpiar.

  • Ay, no Marita, intentaré que no suceda más

  • No, no, no, tú llamame porque estás malito y te pasará siempre

  • Pero es que prefiero yo…

  • A ver Miguelito, ¿no te dará vergüenza de mí?

  • No noooo, bueno sí, es que ya no soy un bebé Marita

  • Ni yo digo que lo seas, pero algo tendremos que hacer, así que no seas tontito, que yo soy como tu mamá, no tengas verguenza, ya verás

  • Bueno está bien.

 

Así que cuando quise hacer pipí de nuevo, la llamé para que no se enfadara y me dijo:

 

  • A ver Miguelito, agárrate a la cama y ponte de lado que yo te ayudo con la vacenilla

  • Pero Marita, si me agarro no puedooooo…

  • No te preocupes, yo te sujeto la pijita y apunto a la vacenilla, que no te de vergüenza

  • Bueno, está bien…

 

En ese momento me quitó el calzón y con cuidado agarró mi pija y apuntó a la vacenilla. Un poquito más tarde estaba haciendo pis mientras Marita me sujetaba mi pene y comenzó a ponerse durito. Cuando terminé ella comenzó a mover mi pene para las últimas gotas y eso me puso más duro todavía, y al final cogió un pañuelo y se puso a secarme las gotitas de mi pija. Eso ya fue demasiado y entonces mi pija alcanzó una erección de unos 12 centímetros, lo que provocó que ella exclamara:

 

  • Caramba Miguelito, estás hecho todo un hombretón, ya no eres un chaval ¿eh?

  • Lo siento Marita, perdón, lo siento, ay ay ay…

  • No te averguences.

  • Lo siento señora Marita, perdón..

  • Que no, eso está muy bien, eso quiere decir que estás sano…

 

Y como si nada, guardó como pudo mi pija dura en el calzón y me quedé rojísimo y muerto de la verguenza. Pero me excité tanto que comencé a beber más agua para que se volviese a repetir la situación, y así al cabo de un rato volví a llamarla. Vino y me dijo que hiciera lo mismo de antes. Lo volvimos a hacer así y otra vez me puse duro en su mano. Ella se rió un poco, yo pedí perdón y me dijo que me relajase, que era normal.

 

Más tarde me dió la cena y me dijo que tenía que dormir que si quería hacer pipí. Le dije que sí y repetimos el proceso, pero pude ver como ella ya no se reía, sino que comenzaba a ruborizarse y a mirar mi pija con otros ojos, más grandes, de hecho, vi como se lamió los labios cuando me secaba la pija con su pañuelito. Terminó y me dijo:

 

  • Hala, mi hombretón, a descansar

  • Gracias por todo señora Marita

  • No me llames señora, tan sólo Marita, y ya sabes que si quieres algo tan sólo llámame, que estoy en la habitación de al lado, ¿ok?

  • Ok, buenas noches Marita

  • Buenas noches Miguelito.

 

Entonces comencé a hacerme la paja y me vine sobre sus sábanas blancas disfurtando como un loco y sin comprender cómo me excitaba esa mujer de 32 años.

 

Me desperté al poquito al oir unas voces, que parecían suspiros de Marita y que cesaron con un aaaaaaahhh contínuo. Eso me desorientó, y al poco rato entró en mi habitación y tras mirarme, bajó a ver la televisión. Yo no podía quedarme tranquilo sin saber qué pasaba, así que me levanté de la cama con mucho esfuerzo y tras sufrir mucho dolor llegué al pasillo donde oía la tele puesta. Así que me arrimé a su habitación para ver si había alguien allí.

Empujé la puerta y encendí la luz y allí no había nadie pero la cama estaba medio deshecha. Vi algo raro y me acerqué con dolor en mi pierna y casi se me sale el corazón por la boca cuando ví un pene de goma, de esos que había visto en las revistas para con mis amigos.

 

Enseguida pasó por mi cabeza que se lo había estado metiendo Marita por su coño porque estaba mojadito y pringoso y tuve una erección casi mortal. Entonces lo acerqué para olerlo y olía muy fuerte, pero necesitaba probar aquello así que me lo llevé a la boca y probé ese almizcle mocoso. No recuerdo a qué sabía, sólo se que me volví loco de excitación, así que lo dejé en la cama y volví a mi habitación muy dolorido por mi pierna, pero casi sin sentir dicho sufrimiento por las imágenes fantasiosas que llevaba en mi cabeza.

 

 

 

Me hice la mejor paja de mi vida y tuve que repetir otra vez para poder conciliar el sueño. Demasiadas emociones para un sólo día.

 

Al día siguiente apareció Marita en bata de casa y cuando me despertó no me di cuenta, pero cuando subió la persiana casi me muero, porque la bata transparentaba mucho, y aunque llevaba bragas iba sin sujetador y se veían perfectamente sus tetas y sobre todo sus pezones oscuros.

 

  • Buenos días Miguelito, ¿cómo te encuentras hoy, te duele mucho la pierna?

  • Buenos días Marita, un poco pero creo que va mejor…

  • Bueno, pues ahora vas a hacer pipí y después te ayudo a ducharte. A ver que te quito el pijama, ya sabes cómo hacerlo. ¡Uy por dios! Ya estás hecho un hombretón, eh Miguelito?

  • Uy lo siento Marita, es por la mañana y así… es que me pones nervioso y…

  • Ay no, tienes que disculparme porque se me ven los pechos mucho, pero ahora tengo que andar con estas cositas, sabes que con el embarazo nos crecen los pechos. Pero yo creo que lo que tienes se llama erección matutina…

  • No se Marita, me da mucha vergüenza, lo siento…

  • No tienes que sentir nada tonto, eso es normal, además si te excitas eso es muy bueno, pero no creo yo que con una señora como yo te excites tú, además estoy embarazada…

  • No no Marita, tú eres muy guapa y eso, lo que pasa es que (le miré de nuevo para sus tetas)

  • Eres un mentirosillo eh, ¿qué pasa, que me vas a decir que te gustan mis pechos?

  • Puesss…

  • Bueno, venga, haz pipí y vamos a bañarte.

 

Cuando meé salió el chorro en horizontal debido a la gran erección que tenía. Me desnudó y fuimos al baño mientras iba bajándome la erección. Me metió en la ducha pero dejé mi pierna afuera y así ella me ayudó a bañarme, y el caso es que cuando me emjabonó volví a tener una erección tremenda.

 

  • Caramba Miguel, eres un jovencito muy fogoso ¿eh?

  • Lo siento otra vez Marita, pero no lo puedo controlar. Es la 1ª vez que me hace esto una mujer sin ser mi madre…

  • No te tapes tonto que a mí me gusta sentir que aún provoco esto en un jovencito. Es muy excitante…

  • Eeehhh… (sin palabras)

  • Bueno, ahora si quieres sécate que voy haciéndote la cama, y preparándote el desayuno: cereales con leche, pero no de estas que tanto me miras ¿eh? (y señaló sus tetas) je je je…

  • Qué lástima, bueno…

  • Ah, ¿que sabes cómo sabe leche materna Miguelito?

  • No no… pero me gustaría

  • Uf, eres tremendo… bueno voy a hacerte el desayuno.

 

Marita se fue del baño y yo estuve intentando bajar la erección pero no podía, no podía concentrarme en nada, estaba aturdido por sus palabras pero también por las mías, me miré en el espejo y estaba coloradísimo.

 

 

Al rato salí arrastrándome del baño bien aseado y tapándome con una toalla porque todavía estaba duro. Y en eso que entra Marita con el desayuno por la puerta y lo pone en la mesita y me dice que va a hacer la cama. De repente me mira y me dice:

 

  • Miguel has manchado las sábanas.

  • Lo siento Marita, ha debido ser sin querer.

  • Creo que me mientes Miguelito, yo creo que te has estado haciendo pajas ¿eh? ¿te haces pajas Miguelito?

  • Eh, nooo

  • No seas metiroso Miguel, que yo se que estas manchas son de lechita de hacerte pajas…

  • Eh, pues no se, debió ser sin querer, mientras dormía

  • Yo no creo, mira cuántas manchitas, no es posible que fueran de una sola venida.

  • (Acorralado tenía que admitirlo) Bueno, lo siento Marita, no lo vuelvo a hacer

  • Que no es eso tontito, que no es que no quiera que te hagas pajitas, eso es normal en los hombres y tú ya eres un hombrecito hecho y derecho, y es lo más normal que te masturbes pensando en chicas

  • Lo siento Marita, no seeee…

  • No te disculpes Mígue, si al fin y al cabo no me estraña que lo hagas tanto, yo enseñándote mis tetas y tú todo el día en la cama sin poder hacer casi nada, la culpa es mía que no te atiendo como debería.

  • Uy no Marita, sólo es que me apetece nada más, y sí la verdad es que estoy todo el día aquí y…

  • ¡Pobrecito mío! Y dime ¿cuántas veces lo hiciste ayer?

  • Ehhh, dos!

  • Mentirosín, dime cuántas.

  • Bueno. Cuatro.

  • Caramba, qué caliente eres Miguelito… Está muy bien, y si puedes hacerlo tanto no tengas miedo que es muy bueno, lo que tengo que hacerte es alimentarte bien, porque vas a adelgazar je je je…

  • Bueno, puedo hacerme menos…

  • No tonto, estás en una buena edad y sin nada que hacer. Lo único que me gustaría pedirte es que no me manchases las sábanas con tu lechita ¿o en tu cama lo haces así?

  • Lo siento Marita, en mi casa utilizo mis calzones antes de echarlos a lavar, pero aquí estoy casi inmovilizado y no se qué hacer.

  • Bueno, no te preocupes. Entonces cuando quieras hacerte la paja sólo avísame y yo te ayudo para que no manches.

  • Pero Marita eso no lo puedo hacer.

  • Que sí tonto, a ver, estás duro ahora mismo ¿quieres hacerte la paja ahora?

  • Pues la verdad es que si, pero aquí delante tuya…

  • A ver, yo te voy a ayudar.

 

 

Entonces Marita echó las sábanas para atrás, y me ayudó a meterme en la cama mientras me decía lo grandote que tenía el pene. Marita me sonrió y me dijo:

 

  • A ver cómo lo haces

  • Lo siento Marita, me da un poco de vergüenza

  • Pero a ver, yo ya se cómo se hace, sólo coge con tu manita la polla y dale arriba y abajo ¿no?

  • Eh, sí, claro

  • Mira cómo se pone de dura la polla ¿eh?

  • Uhummm…

  • Me gusta cómo lo haces Miguelito, si quieres puedo ayudarte un poco

  • Eh ¿cómo?

  • Antes me has dicho que te gustan mis tetas ¿quieres que te las enseñe y así te pones más calentito?

  • La verdad es que me encantaría

  • Entonces me saco el camisón y el sujetador de embarazada que aprieta mucho, buff qué alivio. ¿te gustan mis tetas Miguelito?

  • Buff muchísimo Marita, son muy grandes

  • Eso es porque están poniéndose grandotas para fabricar la leche. Como tus güevitos también se ponen grandes cuando hace mucho que no te deslechas ¿verdad?

  • Si, si…

  • ¿Te gustaría tocármelas Miguel?

  • ¿Puedo?

  • Claro tonto, me gusta que te excites con mis pechos, seguro que es la primera vez que tocas unas tetas ¿eh?

  • Pues si Marita y son hermosas, son tan suaves y grandes… dios!, me encantan.

  • ¿Ah sí?, pero si me tocas las tetas con las dos manos, no te puedes hacer la paja ¿quieres que te ayude yo?

  • Buf, me encantaría ¿lo harías?

  • Claro, estás aquí para que yo te atienda, así que lo tengo que hacer bien. ¿Te gusta así? ¿lo hago bien?

  • Buf, me gusta mucho

  • ¿Te excita tocarme las tetas miestras te hago la paja, sí?

  • Me vuelves loco Marita…

  • Pues así está muy bien, pero yo creo que todavía te puedo ayudar mejor, ¿no crees?

  • Así me encanta…

  • ¿Te han chupado alguna vez aquí?

  • Nooo, nunca

  • Pues sabes, a mi marido yo lo chupo todas las noches para que se duerma bien agusto, y me dice que le gusta un montón, ¿quieres que te chupe?

  • Bufff, me encantaría

 

Sin decir nada más, me miró a los ojos sacó su lengua y comenzó a lamerme la cabecita hinchada de tanta excitación, y al momento, se metió la puntita en la boca y comenzó a chuparme mientras me seguía pajeando despacio, sin prisa, con dulzura.

 

 

Tuve que dejar de tocarle un rato las tetas porque no había espacio entre su brazo que me hacía la paja y su cabeza que se interponía entre sus tetas y mis brazos, así que sólo me recosté un poco hacia atrás y disfruté de la mamada.

 

  • ¿Te gusta más ahora verdad?

  • Ummm siii Marita, es muy rico

  • Claro mi niño, yo se lo que les gusta a los hombres y a mí me vuelve loca: una buena mamada de pija es muy rica, tienes la polla calentita, sedosa y gordota, como a mí más me gusta para chupar, umm…

  • Uy Marita, es muy rico lo que me haces.

 

  • Uhuuummm, <chup chup chup…> Ya no me tocas las tetas que tanto te gustan, ¿quieres que te deje sitio para que puedas tocármelas?

  • No, no, es que ya no puedo mucho más.

  • ¿Te gusta que Marita te haga la mamada para que no tengas que hacerte la paja, eh Miguelito?

  • Marita, por favor no me digas esas cosas que me va a venir el gusto.

  • ¿El “gusto”, lo llamas así?

  • Si, es que me da mucho gustito cuando me sale la leche.

  • Ajá, pues te voy a mamar más fuerte para que te venga el gustito…

  • Uy Marita, ya no aguanto más, cuidado porque me va a salir la leche

  • Dale mi niño, no te aguantes que a mí me gusta mucho la lechita, quiero que te venga el gusto en mi boca. Pon tus manitos sobre mi cabeza y déjate ir. <chuip, chuip, chuip…>

  • Ya estoy a punto, ¡¡¡Marita!!!

  • Dale, vente a gusto, dame el biberón y descárgate ¿si?, que me voy a tomar toda tu lechita, así no manchas las sábanas…

  • Ahhh Marita ya ya, yaaaaaaaaaaaaaaaa

  • Uhumm, ummm, ummmm, <chuip, chuip, chuip…> Ummm ¿riiiiico eh?, <chuip chuip chuip…> Cuánta leche tiene mi hombretón en su pollita!!! Sigue, dale… <flop, flop, flop…>

  • Ooooohhh dios, ooooohhh dios. Qué gusto. Qué rico… Cómo chupas!!!

  • Qué rica tienes la leche Miguelito, creo que te voy a tomar mucha, eres tan joven que sabe tan natural!!! Mira, todavía sale un poco, te la voy a dejar bien limpiecita, <chuip chuip chuip…> Me gusta chupar hasta que no sale nada y la polla se queda chiquita en mi boca… Me has llenado la boca de tu lechita, mira cuánta tenías.

 

  • Aaaaahhh dios Marita, cómo me ha gustado!!!

  • Así me voy a quedar un ratito, con tu pollita en mi boca para que termines de descargarte bien esos güevitos hermosos. Yo sólo me quedo así pero sin chuparte, que sé que te puede molestar despues de que te venga “el gusto”. ¿Te ha gustado Miguelito?

  • Muchísimo, es lo mejor de mi vida, no me lo puedo creer… es que cuando me estaba corriendo, acompasabas cada chupada con cada chisguete de leche que me venía.

  • ¿Te ha gustado eso, eh? Es que he aprendido ha hacerlas muy bien, así al chico le da más gustito porque chupo en cada corrida, para que sienta como soy yo la que le saca la leche chupando.

  • Bufff qué experiencia más rica, pero ¿te has tomado toda mi leche?

  • Claro tontito, a mí me gusta mucho la lechita esa que me has dado. Ahora quédate así a gustito, que yo te arropo con las sábanas y duérmete, que tienes que descansar.

  • Gracias Marita, me ha encantado, voy a soñar contigo y creo que cuando me despierte voy a estar duro otra vez pensando en tí.

  • Uy mi hombretón, pues mira cuando quieras hacerte la paja, me llamas y vengo yo para hacerte la mamada y que te descargues a gusto en mi boquita, ya viste que me gusta mucho tu lechita y así no manchas la cama.

 

Y así pasó, cuando me desperté la llamé, vino a mi cama se acostó a mi lado me bajó el pijama y me pajeó un ratito, me besó y comenzó con la mamada, tan dedicada a chuparme con fruicción que enseguida me corrí en su boca y ella se la tomó toda, descubriendo cómo le gustaba: saboreando la leche espesa de hombre.

 

Marita se ocupaba muy bien de mí, me llevaba al traumatólogo para ver mi lesión, me mimaba con todos los detalles, me traía comida a la cama, y cada vez que sentía que mi polla se ponía dura, tan sólo tenía que decírselo y venía y me mamaba cual buen becerrito chupa de la vaquita para obtener su lechita. A ella le encantaba, decirme cosas guarras mientras me hacía esas inmensas mamadas, pero yo no me atrevía a devolverle los halagos.

Un día le pregunté si podíamos follar, pero me dijo que no porque debía perder la virginidad con una chica de mi edad, que ella sólo me hacía las mamaditas para contentarme y descargarme, pero que follar era algo que sobrepasaba eso.

 

 

 

Aunque descargaba mi polla en su boca entre 3 y 4 veces diarias, yo quería probar eso de “follar”, y más aún cuando la oía en su habitación meterse el vibrador y pensaba que podía ser mi polla la que le estuviese entrando por otros agujeritos, pero eso es otra historia porque a fin de cuentas, este texto sólo pretendía explicar por qué soy adicto a las buenas mamadoras.

SEMENARISTAS@GMAIL.COM

La historia ha sido verídica en su mayor parte pero con varios retoques en los diálogos para hacerlo más interesante y porque ¡qué coño!, no me acuerdo ya que de eso, hace ya mucho tiempo. Un saludo a tod@s l@s lectores de RELATOEROTICO.COM

Mi vínculo: http://usuarios.lycos.es/semenaristas/index.html

 

No Comments »

No comments yet.

RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

Leave a comment

You must be logged in to post a comment.

Una página de Grupo ItNet