La esposa de mi mejor amigo
Era un sube y baja violento, se tiraba los pezones y luego los acariciaba sin bajar el ritmo de su galope.
No sé cuando empezó. Solo puedo decir que fue lentamente que me pude dar cuenta que la miraba más detenidamente. Miraba su cuerpito menudo, pero bien contorneado, sus manos pequeñas, sus pies pequeños, sus labios más delgados que gruesos, pero muy delineados. Sus ojos café oscuro, su perfecta nariz, su bello rostro. Su pequeño pero expresivo culo, sus piernas bien tónicas, muy bien puestas y atléticas, viva expresión de su juventud y de la gimnsaia. Claro sí solo tenía 28 años. Lo que más me atraía, eran sus senos. No eran tan grandes como los de mi esposa en ese entonces, pero en ese cuerpito resaltaban, con una caída preciosa, que se volvían a levantar para ofrecer sus pezones al cielo, o a aquel goloso que quisiese disfrutar de tamaña golosina.
Estoy describiendo a la esposa de mi amigo, llamemosla, Nora, en clave. Si, la esposa de mi mejor amgio.
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