Me sitúo detrás de tí vendo tus ojos con un pañuelo y te digo que no te muevas. Pasan unos segundos. Intentas escuchar no oyes nada. Algo suave te roza la cara. ¿Otro pañuelo?. En efecto, te estoy acariciando la cara con un pañuelo de seda. Sientes en la oreja derecha el picor del pañuelo, te hace unas leves cosquillas cuando pasa por tu lóbulo. Ahora de la oreja derecha pasa a la izquierda. Acompaño las caricias del pañuelo con suaves besos. Tienes tus labios entreabiertos, y notas como el pañuelo pasa entre ellos. La sensación de cosquilleo te empieza a excitar. El pañuelo te acaricia ahora la barbilla y el cuello. Yo sigo con mis labios pegados a los tuyos, en un eterno beso. Te quito la chaqueta. Paso el pañuelo por debajo de tu pelo y por todo tu cuello. Lo recorro de un lado a otro, y el pelo se te mueve con el pañuelo. Lo dejo. Me coloco delante de ti, paso la seda por tus pezones que desde hace rato están están levantados, provocando en tí una excitación cada vez mayor.
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Estoy sentado esperando que salgas de la ducha, me gusta mirarte desnuda y observar como te secas lentamente el cuerpo, tu cuerpo, tu culo, tus tetas pequeñas pero firmes. Me acerco hacia ti por la detrás y te abrazo, te beso el cuello, y te acaricio los senos, tu te tensas y buscas sentir con tu trasero mi cuerpo y mi polla
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Atado. Me vendaste los ojos y me hiciste tenderme en el centro de la cama, totalmente desnudo salvo con el slip… ese que te encanta. Estuviste mirándome unos instantes, mi pene casi se salía del slip. Pasaste tu mano suavemente por todo mi cuerpo, deteniéndote en mi polla durante unos segundos.
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Ni falta hace decir que hacía mucho calor en Sevilla. Con tanto bulto como tenía que llevar se me olvidó parte de mi ropa. Necesitaba algo cómodo para las vacaciones. Estuve dudando entre ir sola de compras, ir con alguna amiga o ir con Arturo, aunque no estaba muy segura que él quisiera acompañarme ya que odiaba ir de compras.
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Yo siempre he sido pacifico pero sucedió que en el cumpleaños de un tal, el se le declaro a mi novia y ella sin mas ni mas fue y le dio un beso, yo fui y lo encare al cumpleañero, me iba a masacrar, yo tenia las de perder pero fui como un camicaz, fue tonto ir como un suicida el me golpeo en la cara y me hice para atrás y el continuaba golpeándome, me aleje como un metro y el se vino corriendo yo puse mi brazo debajo de su hombro y con la parte interna del codo como palanca y con toda mi pierna poniéndole zancadilla lo lance sobre unas mesas.
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Empecé a trabajar en esa empresa como recepcionista y a los seis meses me destinaron al departamento de Marketing, dado que estaba a punto de terminar esa carrera y en verdad me interesaba usar mis conocimientos dentro de esa compañía y de paso, ascender y hacer carrera. Tenía dos jefes directos, una mujer de 38 años que se llamaba Yamilé y un hombre, de 40 años que se llamaba Jalil. Ambos eran de ascendencia árabe y, tanto el como ella, eran muy atractivos. Jalil era alto, de contextura muy fuerte, ojos negros como la noche y piel cetrina. Estaba casado con Yamilé, también morena de ojos negros, pero de físico más pequeño, aunque formidable. Eran una pareja sensacional y verlos juntos impactaba, porque además no mezclaban lo laboral con lo personal, se notaba que su matrimonio se llevaba a cabo fuera de las puertas de la compañía, allí dentro solo eran jefes del mismo departamento y nada más.
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En mi casa paterna vivíamos, ya adultos, mi madre y cuatro hermanos, una mujer y tres hombres, yo soy el mayor de todos y mi hermana 5 años menor, en ese entonces ella contaba con 18 años. Estando una vez en mi cuarto que colinda con un baño, observé un pequeño agujero por el cual entraba un rayo de luz me asomé por él y vi la parte de abajo del baño, se me hizo extraño que hubiera un agujero precisamente allí, no volví a pensar en eso, hasta que por la mañana sentí que mi hermana se entraba en el baño.
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Ahora que vuelvo atrás en el tiempo, recuerdo que mi cuñado una vez me encerró entre sus brazos e intentó besarme, pero en ese momento solo pensé que era una demostración de afecto para la pequeña hermanita de su esposa… Años más tarde la pequeña hermanita de su esposa se había convertido en la tremenda adolescente que soy hoy, la misma que no paró hasta encerrarlo a él entre sus brazos para que la llevara hasta el colmo del placer y la hiciera delirar de gozo. Desde que tuve uso de razón escuchaba decir que Marcos era un hombre muy apetecible, que mi hermana había tenido suerte en encontrar un marido tan apuesto y que lo cuidara porque muchas mujeres querrían llevárselo para sus casas, pero solo eran comentarios porque eran una pareja muy unida y nunca dieron tema de conversación respecto a infidelidades de uno y otro lado.
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La muchacha era muy conservadora, su forma de expresarse, vestirse y actuar así lo confirmaban. Era nuestra compañera de trabajo (mi esposa y yo trabajamos en la misma empresa) y poco a poco nos fuimos haciendo buenos amigos, salíamos a la hora del almuerzo y comíamos en los mismos sitios. Ella ocasionalmente preparaba algo en su casa y lo compartía con nosotros. Era religiosa. Pentecostal para ser exacto. Eso precisamente era lo que ponía un obstáculo para que la relación se estrechara más. Su forma de ver la vida iba por un camino totalmente opuesto al nuestro.
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Esa obra en construcción que no terminaba nunca, frente a mi casa, me estaba sacando de las casillas, el ruido que hacían desde el amanecer hasta altas horas de la noche no me dejaba dormir, el polvo de la demolición entraba por cualquier hendija de mis persianas, era como estar en medio de una zona de guerra. Lo que más me molestaba era que no podía dejar las cortinas de mi cuarto abiertas porque cada dos segundos tenía veinte pares de ojos, de todos y cada uno de los obreros, mirándome.
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