El sueño
Me senté al ordenador con la intención de manadarla algo que la hiciera añorarme un poquito menos; sólo de pensar en el efecto que podría causar en ella dicha historia… se me levantó. Una erección instantánea requería un tratamiento efectivo, y ese fue el que le aplicó mi mano, suavemente, relajándo todo el cuerpo, mientras pensaba en Elena. Estaba tan concentrado que hasta oía su voz dentro de mi cabeza. Imaginé que nada nos separaba. Elena estaba allí conmigo, los dos juntos en una bañera, ella acariciando mi polla erecta con dulzura, dejando que el agua chorreara por sus tetas y cayera sobre mi glande. No era mi mano sino la suya la que me masturbaba. Yo le chupaba los pezones y le cogía las tetas por debajo, levantándolas y frotándolas con el agua caliente. Sí, Elena estaba allí conmigo, no había nada por medio. Y se agachaba, se ponía de rodillas sobre el baño para meter mi pene en su boca y lamerlo. Su lengua trazaba círculos sobre mi glande y las primeras punzadas de placer me corrieron por todo el cuerpo.
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